lunes, mayo 30, 2005

Por un nuevo partido político en Cataluña.

Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado. Baste con decir que el actual gobierno ha fijado como su principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía. Muchos ciudadanos catalanes creemos que la decisión es consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen para enfrentarse a los problemas reales de los ciudadanos. Como todas las ideologías que rinden culto a lo simbólico, el nacionalismo confunde el análisis de los hechos con la adhesión a principios abstractos. Todo parece indicar que al elegir como principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto para Cataluña, lo simbólico ha desplazado una vez más a lo necesario.

La táctica desplegada durante más de dos décadas por el nacionalismo pujolista, en la que hoy insiste el tripartito, ha consistido en propiciar el conflicto permanente entre las instituciones políticas catalanas y españolas e, incluso, entre los catalanes y el resto de los españoles. Es cada vez más escandalosa la pedagogía del odio que difunden los medios de comunicación del Gobierno catalán contra todo lo “español”. La nación, soñada como un ente homogéneo, ocupa el lugar de una sociedad forzosamente heterogénea.

El nacionalismo es la obsesiva respuesta del actual gobierno ante cualquier eventualidad. Lo único que se le resiste son los problemas, cada vez más vigorosos y complicados. Por ejemplo, el de la educación de los niños y jóvenes catalanes. La política lingüística que se ha aplicado a la enseñanza no ha impedido que los estudiantes catalanes ocupen uno de los niveles más bajos del mundo desarrollado en comprensión verbal y escrita. Este es sólo uno de los más llamativos resultados de dos décadas de gestión nacionalista. Dos décadas en las que el poder político, además, ha renunciado a aprovechar el importantísimo valor cultural y económico que supone la lengua castellana, negando su carácter de lengua propia de muchos catalanes.

La decadencia política en que ha sumido el nacionalismo a Cataluña tiene un correlato económico. Desde hace tiempo la riqueza crece en una proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables. Un buen número de indicadores cruciales, como la inversión productiva extranjera o las cifras de usuarios de internet, ofrecen una imagen de Cataluña muy lejana del papel de locomotora de España que el nacionalismo se había autopropuesto. Su reacción ha sido la acostumbrada: atribuir la decadencia económica a un reparto de la hacienda pública supuestamente injusto con Cataluña. Cabe recordar que una de las acusaciones tradicionales de la izquierda al anterior gobierno conservador había sido, precisamente, la de no saber gestionar con eficacia los recursos de que disponía y practicar una política victimista que ocultara todos sus fracasos de gestión. Poco tiempo ha necesitado el gobierno tripartito para adherirse a esta reacción puramente defensiva, que, además, ha incurrido con frecuencia en la inmoralidad. Alguno de sus consejeros no ha tenido mayor inconveniente en afirmar que mientras el norte español trabaja, el sur dilapida. No parece que el creciente aislamiento de Cataluña respecto de España y que su visible pérdida de prestigio entre los ciudadanos españoles, hayan contribuido a paliar esta decadencia.

Sin embargo, el nacionalismo sí ha sido eficaz como coartada para la corrupción. Desde el caso Banca Catalana hasta el más reciente del 3% (que pasará a la historia por haber provocado una de las más humillantes sesiones que haya vivido un parlamento español) toda acusación de fraude en las reglas de juego se ha camuflado tras el consenso. Un consenso que no sólo se manifiesta en los escenarios del parlamentarismo sino que forma parte del paisaje. Puede decirse que en Cataluña actúa una corrupción institucional que afecta a cualquier ciudadano que aspire a un puesto de titularidad pública o pretenda beneficiarse de la distribución de los recursos públicos. En términos generales, el requisito principal para ocupar una plaza, recibir una ayuda, o beneficiarse de una legislación favorable, es la contribución al mito identitario y no los méritos profesionales del candidato o el interés práctico de la sociedad.

Como las fuerzas políticas representadas hoy en el Parlamento de Cataluña se muestran insensibles ante este estado de cosas, los abajo firmantes no se sienten representados por los actuales partidos y manifiestan la necesidad de que un nuevo partido político corrija el déficit de representatividad del Parlamento catalán. Este partido, identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales, debería tener como propósito inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña. Oponerse a los intentos cada vez menos disimulados de romper cualquier vínculo entre catalanes y españoles. Y oponerse también a la destrucción del razonable pacto de la transición que hace poco más de veinticinco años volvió a situar a España entre los países libres. La mejor garantía del respeto de las libertades, la justicia y la equidad entre los ciudadanos, tal y como se conciben en un Estado de Derecho, reside en el pleno desarrollo del actual régimen estatutario de las Autonomías, enmarcado en la Constitución de 1978.
Es cierto que el nacionalismo unifica transversalmente la teoría y la práctica de todos los partidos catalanes hasta ahora existentes; precisamente por ello, está lejos de representar al conjunto de la sociedad. Llamamos, pues, a los ciudadanos de Cataluña identificados con estos planteamientos a reclamar la existencia de un partido político que contribuya al restablecimiento de la realidad.

Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Xavier Pericay, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Ferran Toutain, Carlos Trías, Ivan Tubau y Horacio Vázquez Rial.


Me uno a la iniciativa , espero que la lidere Vidal Quadras .

2 Comments:

Blogger Gus Bertolo said...

No estoy de acuerdo en muchas de las cosas que expones. En primer lugar, cuando dices que muchos catalanes creen que la decisión de realizar el nuevo estatut es simbólica y simplemente es una mera consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen, te diré que la incompetencia política no es únicamente propia del nacionalismo. No hay más que mirar al gobierno central por ejemplo, ya sea pasado, reciente o actual. O incluso algunos otros autonómicos (nacionalistas o no). La ideología nacionalista no rinde culto a lo simbólico, sinó a una idea que pretende una sociedad acorde a los pensamientos propios, autóctonos, y el estatut no es más que la herramienta que puede ayudar a conseguir ese medio de vida. No cometáis el error de considerarlo un simbolo, un principio abstracto. No es el simbolo que pretende desplazar a lo necesario, es la vía para corregir lo necesario sin depender del juicio del que no vive esa realidad.

Sobre la pedagogía del odio que comentas que difunden los medios de comunicación del gobierno catalán. Existe un problema de concepto. No es odio a España expresarse en catalán, ni sentir, pensar o desear que Catalunya sea por fin reconocida como nación. La postura que tienen los españoles no catalanes es de: o estás con España o estás con Catalunya. Y si es lo segundo tu visión de España es la de opresora, por tanto generan odio. Y justamente ese supuesto odio catalán contra el estado, genera el recíproco, lo que provoca la enemistad de los Españoles que no piensan igual.

Respecto a los escándalos, bueno, siempre ha habido y siempre los habrá, sea en un gobierno nacionalista, del estado o del tipo que sea, por tanto, no es lógico tachar a un partido de corrupto cuando los responsables de actos delitctivos són personas, individuales que se aprovechan de la situación

Tambien discrepo respecto al tema de la educación. Actualmente, existen diferencias entre los sistemas de educación autonómicos, pero estas son mínimas. El problema de la educación en Catalunya es real, sin duda alguna, pero es generalizado en todo el estado español por igual. El estatut nos brinda la oportunidad de poder modificar ciertos aspectos como podría ser la educación, para plantear soluciones personalizadas a una sociedad concreta, la catalana, y todo esto, no os olvidéis, sin la necesidad de obtener la independencia de España.

El estatut es una prueba de confianza que otorga el estado a Catalunya. Que puede ayudar a mejorar esta comunidad, y recordad que Catalunya aun forma parte del estado, por tanto este también se beneficiará.

El ciudadano, tanto el que reside en Catalunya como el que es Catalán, ve la realidad cada día, y no es una realidad agradable por la cantidad de problemas que existen y no se solucionan. Por tanto, es lógico que se exija un cambio, y este está representado con una idea, un texto ya propuesto, que identifica un pensamiento y unos valores que pueden dar respuesta y soluciones a esa realidad. No os entozudeis en ver el carácter únicamente separatista, eso ya lo hace algun que otro partido, aprended a mirarlo como un cambio a mejor de una parte del estado español.

No se puede pedir el restablecimiento de la realidad, cuando lo que se ve o se expone no es la realidad. La única realidad es que las cosas no funcionan y tienen que cambiar. Algunos aportan ideas, otros solo miedo.

8:18 p. m.  
Blogger PobleInsubmís said...

Jo no sé si vius o no a Catalunya. Si és que no no hi tinc res a dir al que dius, no pas perquè hi estigui d'acord sinó perquè a Espanya la gent preferiex creure's el que els aiatol·làs polítics els diuen abans que atrevir-se a pensar. Si vius a Catalunya, et consideraré un espanyol que resideix aquí, sense més. Et recomano una visita a un bloc gairebé igual al teu.
http://pobleinsubmis.blogspot.com

7:41 p. m.  

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